Díficilmente logre captar tu atención por más de dos o tres párrafos; pero, poniéndolo en términos brutos y análisis lanzado, podríamos contar que en los úlitmos sies años existieron tres cimbronazos espectaculares a nivel global: la pandemia, la digitalización consecuente y el angelical, fantástico y aterrorador surgimiento de la IA, su expansión, su tentaculización imparable, su hasta el momento otoño eterno, ni verano ni invierno.
Si antes de la pandemia el mundo se disputaba económicamente bajo parámetros ligados a la productividad, acceso a meteria prima y mano de obra barata y finanzas, la pandemia llegó para decir basta. Una pausa de actividad y un recuerdo de que todo puede morir en un santiamén, y empezaron hasta los rumores de qué sectores podrían salvarse (ya sea por encapsulación o montaje de ciudades en Marte o la Luna). Todo eso, recordemos, fue algo que sembró en el espíritu global: algo así como una insoportable incertidumbre.
La digitalización ya venía sembrando lo suyo y, para esta época, salió el sol más resplancediente

Lo curioso, si seguimos recordand, es que esa pausa de actividad también encontró el play, la reactivación de manera casi inmediata, es que la digitalización ya venía sembrando lo suyo y, para esta época, salió el sol más resplancediente: la necesidad de aislamiento por la pandemia sumado a la necesidad de estar o seguir conectados, ahora exlusivamente de manera digitial. Startups de plataformas (Skype, Zoom, Meet, entre otras), explotaron de demanda. La gente en el mundo no podía trasladarse físicamente, pero sí estar más conectados. El mercado digital encontró un acelere nunca registrado, y Estados Unidos y China quedaron a la cabeza.
Si antes gobernaban la energía y las finanzas, ahora también empezaron a hacerlo los centros de datos
Hasta ahí, pandemia y consecuente digitaliación, y con esto también una profunda transformación de la economía global y la percepción social, principalmente en lo relativo a sociabilidad. Si antes gobernaban la energía y las finanzas, ahora también empezaron a hacerlo los centros de datos, al punto incluso de quizás hoy ser más determinantes que las anteriores.

La vedette de esta joda: la IA, ahora sus agentes y la mayorcita, la generativa.
Así, en menos de tres años, pongamos 2023, la digitalización inmaculada cambió el ritmo social y laboral, la economía y las relaciones humanas. Todo listo para que la humanidad procesara esos dos elementos (por no ser pretensioso y decir paradigmas) había dejado la pandemia y el reino de lo digital: incertidumbre y mucha agilidad, en todo, en todo agilidad (o pretensión de tal). Pero no fue suficiente, sin contar las gerras desatadas en medio oriente ni la invasión Rusa, tuvo que llegar la bendita, la vedette de esta joda: la IA, ahora sus agentes y la mayorcita, la generativa. Así las cosas: tres cimbronazos en menos de 6 años, 2 por años si apuntamos a ser calculadores estadísticos.
Para el final, más agilidad, incertidumbre, asombros llenos de sigiloso espanto y terror. Tecnócratas y antitecnócratas ahora libran una nueva batalla, y más allá de los ricos y diversos debates, el leit motiv, si se fijan, siempre ronda en lo mismo: ¿Cuánto daño hará, si es que lo hará, esta nueva transformación global? A modo de ensayo, solo apuntar que probablemente haya un intermedio que sea determinante, que es a qué velocidad esperan los tecnócratas, capitalistas y jerarcas de las esferas de poder (gobiernos, instituciones, empresas) ejecutar los cambios profundos que ofrecen estas nuevas tecnologías que, ya han dado muestra, automatizan y por lo tanto reemplazan el trabajo humano. ¿Implementarán una reubicación, capacitación o, directamente, el despido?
Más del 70% de las transformaciones digitales fracasan por falta de buen liderazgo, ejecución y monitoreo en su desarrollo y etapas de implementación
Sería ingenuo creer que agentes empresarios, gobiernos e instituciones apuesten a una transformación con sensibilidad humana y social. De momento, hay estadísticas que sugieren que más del 70% de las transformaciones digitales fracasan por falta de buen liderazgo. Algo del estilo: quieren automatizar, potenciar y ampliar producción, hacer más, ganar más, pero no saben cómo hacerlo sin atropellar a la gente con la que han llegado a proponerse esos objetivos que ahora ofrece la nueva tecnología y propaganda mundial.
El tema está en qué reponsabilidad aplicarán, con que ética, con qué pirámide ideal, con qué marco regulatorio estatal, con qué campo contralord seguirán envalentonándose estos jóvenes ingeniosos y muchachotes ya peludos que han sabido montarse como dueños de las nuevas tecnologías.
La IA es el nuevo cimbronazo, el último, pero no menos veloz y profundo de lo que han sido la pandemia y la digitalación consecuente. Todo esto desde hace nada, poco más de seis años. Acá, además, en Argentina, se lleva su parte el desmadre económico de los últimos quince años. Solo preguntas, solo un ensayo, una curiosidad inocultable.

